20 ene. 2010

LA TAREA DEL FILOSOFO

Wittgenstein ha escrito que la tarea de la filosofia es la de enseñar a la mosca a salir de la botella. Esta imagen, elevada a representacion global de la vida humana, refleja solo una de las posibles situaciones existenciales del hombre, y no la mas desfavorable. Es la situacion en que existe una via de salida ( evidentemente se trata de una botella sin tapon); por otra parte, fuera de la botella hay alguien, un espectador, el filosofo, que ve claramente donde esta.
Pero ¿que pasa sie n lugar de la imagen de la moscaen la botella consideramos la del pez en la red? Tambien el pez se debate en la red para salir de ella, con una diferencia: cree que hay un camino de salida, pero este no existe. Cuando la red se abra ( no por obra suya), la salida no ser ala liberacion, es decir un principio, sino la muerte, o sea, el fin. En esta situacion, la tarea del filosofo, del espectador externo que ve no solo el esfuerzo, sino tambien la meta, no puede ser ya la descrita por Wittgenstein. Con toda probavilida predicara la vanidad de la cura, de agitarse sin un objetivo, la renuncia a los bienes cuya posesion no es segura y en cualquier forma ya no depende de nosotros, la abstinencia, la resignacion, la imperturbabilidad. Nos invitara a contentarnos con el breve tiempo de vida que aun nos es dado vivir, a esperar la muerte con serenidad y tal vez a cultivar nuestro jardin. Se trata, como cualquier apuede reconocer con facilidad, de las varias formas de filosofia como sabiduria, mientras que en el caso de la mosca la filosofia se habia presentado bajo las formas del saber racional. Pero nosotros, los hombres, ¿ somos moscas en la botella o peces en la red?

Tal vez ni un acosa ni la otra. Tal vez la condicion humana puede representarse globalmente de manera mas apropiada con una tercera imagen: el camino de salida existe, pero no hay ningun esplendor fuera que conozca de antemano el recorrido. Estamos todos dentro de la botella. Sabemos que la via de salida existe, pero sin saber exactamente donde se halla procedemos por tentativas, por aproximaciones sucesivas. En este caso, la tarea del filosofo es mas modesta en relacion con la primera situacion y menos sublime en relacion con la segunda: enseña a coordinar los esfuerzos, a no arrojarse de cabeza a la acion, y al mismo tiempoa no demorarse en la inaccion, a hacer elecciones razonadas, a proponerse, a titulo de hipotesis, metas intermedias, corrigiendo el itinerario durante el trayecto si es necesario, a adptar los medios al fin, a reconocer los cambios equivocados y abandonarlos una vez reconocidos como tales. Para esta situacion nos puede ser util otra imagen, la del laberinto: quien entra en un laberinto sabe que existe una via de salida, pero no sabe cual de los muchos caminos que se abren ante el a medida que marcha, conduce a ella. Avanza a tientas. Cuando encuentra bloqueado un camino, vuelve atras y sigue otro.A veces el que parece mas facil no es el mas acertado; otras veces cuando cree estar mas proximo a su meta, se halla en realidad mas alejado, y basta un paso en falso para volver al punto de partida. Se requiere mucha paciencia, no dejarse confundir nunca por las apariencias, dar (como suele decirse) un paso cada vez, y en las encrucijadas, cuando no nos es posible calcular la razon de la eleccion y nos vemos obligados a correr el riesgo, estar siempre listos para retroceder. La caracteristica de la situacion del laberintoes que ninguna boca de salida esta asegurada del todo, y cuando el recorrido es justo, es decir, conduce a la salida, no se trata nunca de la salida final. La unica cosa que el hombre del laberinto a aprendido de la experiencia ( supuesto que haya llegado a la madurez mental de aprender la leccion de la experiencia) es que hay calles sin salida: la unica leccion del laberinto es la de la calle bloqueada.

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