25 ene. 2010

LA LIBERTAD

"Dando libertad a los esclavos, la aseguramos a los libres" --> Lincoln


"Aunque me quede solo, no cambiaría mis libres pensamientos por un trono" --> Lord Byron


"No es bueno ser demasiado libre. No es bueno tener todo lo que uno quiere"-->Blaise Pascal


"El grado de civilización de una sociedad se mide por el grado de libertad de la mujer" --> Charles Fourier


"Es más fácil apoderarse del comandante en jefe de un ejército que despojar a un miserable de su libertad" --> Confucio


"Antes de felicitarnos por dar libertad a las gentes debemos preguntarnos qué harán con ella" --> Edmund Burke


"Cada uno obra no sólo por una coacción exterior, sino también por una necesidad interior" --> Albert Einstein


"Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad" --> Benjamin Franklin


"La libertad es una sensación. A veces puede alcanzarse encerrado en una jaula, como un pájaro" --> Camilo José Cela


"La libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo" --> Cicerón


"El único medio de conservar el hombre su libertad es estar siempre dispuesto a morir por ella" --> Diógenes


"Así como de la noche sale el claro día, de la opresión nace la libertad" --> Benito Pérez Galdós


"En aquellos días aprendí dónde hay que interrumpir la discusión para que no se transforme en embuste y dónde ha de empezar la resistencia para salvaguardar la libertad" --> Benedicto XVI


"No creo, en el sentido filosófico del término, en la libertad del hombre" -->Albert Einstein


"La base de nuestra civilización está en la libertad de cada uno, en sus pensamientos, en sus creencias, sus opiniones, su trabajo y sus ocios" --> Charles de Gaulle


"Para ser libres hay que ser esclavos de la ley" --> Cicerón


"La libertad sin virtud ni sabiduría es el mayor de todos los males" --> Edmund Burke

20 ene. 2010

LA TAREA DEL FILOSOFO

Wittgenstein ha escrito que la tarea de la filosofia es la de enseñar a la mosca a salir de la botella. Esta imagen, elevada a representacion global de la vida humana, refleja solo una de las posibles situaciones existenciales del hombre, y no la mas desfavorable. Es la situacion en que existe una via de salida ( evidentemente se trata de una botella sin tapon); por otra parte, fuera de la botella hay alguien, un espectador, el filosofo, que ve claramente donde esta.
Pero ¿que pasa sie n lugar de la imagen de la moscaen la botella consideramos la del pez en la red? Tambien el pez se debate en la red para salir de ella, con una diferencia: cree que hay un camino de salida, pero este no existe. Cuando la red se abra ( no por obra suya), la salida no ser ala liberacion, es decir un principio, sino la muerte, o sea, el fin. En esta situacion, la tarea del filosofo, del espectador externo que ve no solo el esfuerzo, sino tambien la meta, no puede ser ya la descrita por Wittgenstein. Con toda probavilida predicara la vanidad de la cura, de agitarse sin un objetivo, la renuncia a los bienes cuya posesion no es segura y en cualquier forma ya no depende de nosotros, la abstinencia, la resignacion, la imperturbabilidad. Nos invitara a contentarnos con el breve tiempo de vida que aun nos es dado vivir, a esperar la muerte con serenidad y tal vez a cultivar nuestro jardin. Se trata, como cualquier apuede reconocer con facilidad, de las varias formas de filosofia como sabiduria, mientras que en el caso de la mosca la filosofia se habia presentado bajo las formas del saber racional. Pero nosotros, los hombres, ¿ somos moscas en la botella o peces en la red?

Tal vez ni un acosa ni la otra. Tal vez la condicion humana puede representarse globalmente de manera mas apropiada con una tercera imagen: el camino de salida existe, pero no hay ningun esplendor fuera que conozca de antemano el recorrido. Estamos todos dentro de la botella. Sabemos que la via de salida existe, pero sin saber exactamente donde se halla procedemos por tentativas, por aproximaciones sucesivas. En este caso, la tarea del filosofo es mas modesta en relacion con la primera situacion y menos sublime en relacion con la segunda: enseña a coordinar los esfuerzos, a no arrojarse de cabeza a la acion, y al mismo tiempoa no demorarse en la inaccion, a hacer elecciones razonadas, a proponerse, a titulo de hipotesis, metas intermedias, corrigiendo el itinerario durante el trayecto si es necesario, a adptar los medios al fin, a reconocer los cambios equivocados y abandonarlos una vez reconocidos como tales. Para esta situacion nos puede ser util otra imagen, la del laberinto: quien entra en un laberinto sabe que existe una via de salida, pero no sabe cual de los muchos caminos que se abren ante el a medida que marcha, conduce a ella. Avanza a tientas. Cuando encuentra bloqueado un camino, vuelve atras y sigue otro.A veces el que parece mas facil no es el mas acertado; otras veces cuando cree estar mas proximo a su meta, se halla en realidad mas alejado, y basta un paso en falso para volver al punto de partida. Se requiere mucha paciencia, no dejarse confundir nunca por las apariencias, dar (como suele decirse) un paso cada vez, y en las encrucijadas, cuando no nos es posible calcular la razon de la eleccion y nos vemos obligados a correr el riesgo, estar siempre listos para retroceder. La caracteristica de la situacion del laberintoes que ninguna boca de salida esta asegurada del todo, y cuando el recorrido es justo, es decir, conduce a la salida, no se trata nunca de la salida final. La unica cosa que el hombre del laberinto a aprendido de la experiencia ( supuesto que haya llegado a la madurez mental de aprender la leccion de la experiencia) es que hay calles sin salida: la unica leccion del laberinto es la de la calle bloqueada.

15 ene. 2010

LOS SIMBOLOS DE LA FILOSOFIA

LA LECHUZA DE MINERVA

El mas antiguo simboliza la filosofia por el ave que servia de emblema Atenea, la Minerva romana diosa de la sabiduria y la fecundidad. La lechuza, ave nocturna, por casi todos considerada un animal feo, que ve y vive en el mundo de las sombras, en el tiempo en que los mortales duermen, solo iluminada por la tenue luz de la luna. Vision , por tanto , la suya, mas proxima a la del mago o adivino, que atributo de los seres humanos normales. Esta singular y nocturna clarividencia, esoterica casi, de la lechuza en nada parece hacer comprender lo que es la filosofia.
Es bien cierto que le simbolo puede ser interpretado de otro modo si lo relacionamos con el "mito solar". Aqui el sol, similar al bien, hace posible el conocimiento sensible por que su luz inufica al ojo que ve con las cosas que son vistas. Y anque sea solo sensible, tal conocimiento es bastante fiable. La lechuza por lo contrario, unicamente auxiliada por la luz de la luna, alcanza solo un conocimiento problematico, imperfecto y vacilante que, al fin, logra diferenciar, aunque trabajosamente, lo que las sombras confunden. Su esfuerzo y agudeza suplen asi lo que solo la luz solar haria visible.
Para Platon es luego posible superar el conocimiento sensible porque, como el sol a las cosas, el bien ilumina el alma. La lechuza, sin embargo, permanecera siempre en las sombras. Si la lechuza, pues , es un simbolo revelador de la realidad de la filosofia, lo es en la medida en que su vision es siempre " a medias", revocable, que exige volver a mirar. Tambien la falta de claridad meridiana es lo propio del filosofo en relacion con las cosas, los acontecimientos , etc. Pero ella seria un contrasimbolo en la medida en que se la interprete como capaz de saberes esotericos, ocultos o sobre lo oculto,oscuros o sobre lo oscuro...porque - nuestra filosofia occidental, por lo menos- en nada de eso se entretuvo a lo largo de su historia.

LA ESCUELA DE ATENAS

La
sorprendente obra de Rafael, La escuela de atenas, es otro simbolo que sugiere para muchos al menos, no solo el sentido de la filosofia griega, sino de toda filosofia. En el maginifico fresco del Vaticano, Platon señala con el dedo lo altoy, por tanto , la dimension contrapuesta al suelo que pisa y a la tierra en que los hombres asentamos nuestro ser. Aristoteles por el contrario, tiende su mano hacia abajo, indicando el lugar en el que nos movemos y el espacio real que todo hombre tiene bajo sus pies.

La plasticidad del simbolo no puede en absoluto dejarse de lado. Mas si se tiene en cuenta que en el mismo frescootro filosofos, como Diogenes, completan el simbolismo de lo que fueron muchas de las actitudes del hombre frente a su existencia. Pero no por grandioso y elocuente su simbolismo es completo. Ni platon supuso, en efecto, el abandono de la realidad y de la experiencia mundana, ni Aristoteles fue un ejemplo de positivismo o de realismo desposeido de principios, de motivos, de fines y valores ajenos al realismo. Por el contrario, nada en Platon es comprensible si se le desvincula de una intencion moral y politica muy de este mundo. Y Aristoteles es por entero incomprensible sin el recurso a unos principios racionales que en nada quedan pendientes de lo que la esperiencia nos enseñe, a pesar de su realismo.

Como los dos maestros de la filosifia griega, toda filosofia porterior supo aproximarse a las cosas con una cautela respetuosa de la realidad y, a su vez con conciencia de las limitaciones de todo lo real. El simbolo, pues, no es en absoluto despreciable, pero teniendolo en cuenta por entero y engarzando un circuito cone l significado de todas sus figuras: la filosofia estuvo siempre atenta a las cosas, pero en la conviccion de que ellas adquieren valor y sentido cuando un ser humano aparece en la escena con sus inquietudes intelectuales, cientificas, morales, sociales, religiosas, esteticas, etc. Solo asi la gran obra de Rafael me parece esbozo de un simbolismo verdadero que proxima a la comprension de lo que es la filosofia.


EL PENSADOR


E
l tercero de los simbolos que hemos escogido es El pensador, obra extraordinaria del gran escultor Rodin. Desnudo y solitario, sentado en el menton apoyado en su puño derecho y el brazo izquierdo caido sobre la misma rodilla. El pensador a pasado a ser un simbolo de la actitud y la actividad reflexivas que parecen caracterizar al filosofo y , por tanto, a la filosofia.

Pero El pensador deja pendientes grandes interrogantes para que el sea aceptado, sin mas , como simbolo de filosofo. El primero , que compendia ya a los demas, es saber que es lo que piensa o en que piensa el pensdor. Solitario, ensimismado alli, en su pedestal, con los ojos que presumimos cerrados y sin otras trazas para adivinar sus pensamientos que su actitud reconcentrada, nada se transluce de lo que piensa. Dificil, pues, que su soledad y hermetismo puedan aproximarnos ala actitud del filosofo. Pudiera ser la suya, imagen de anacoreta, de monje, mago o, incluso, matematico. O tambien de banquero calculador. Todo ello es posible porque no sabemos lo que piensa el pensador ni atisbamos cuales pueden ser sus preocupaciones.

ESte hermetismo y soledad del pensador hace dificil aceptarlo comos imbolo de la filosofia. Y eso por que esta no ha sido nunca ni hermetica ni fruto de la soledad. Por el contrario, no solo las filosofias mas realistas, sino tambien y sobre todo las que pueden parecer mas intimistas o idealistas, son el resultado de la compañia y de la inquietud por las cosas, por los acontecimientos, las personas y los avatares de la existencia. La soledad aparente de algunas biografias no fue nunca ni abandono ni lejania del mundo. Es elocuente observar como las filosofias mas marcadas por la intimidad, la religiosidad o el idealismo proceden de filosofos vitalmente vinculados a los problemas de las comunidades o sociedades en las que vivian: Platon , San Agustin, santo Tomas, Hegel o Sartre son buen ejemplo de ello.

Haciendo justicia a Rodin, El pensador puede ser, sin embargo, recuperado como simbolo de la filosofia situandolo en su marco escultorico original: alli, en el timpano de La puerta del infierno, la monumental obra del escultor que , coronada por Las tres sombras, recoge toda una simbologia de la vida y de la muerte de los seres humanos, flagelados por el torbellino de su personal y esencial sensivilidad.

12 ene. 2010

El consumismo.

Consumismo: ¿Realmente necesitamos tantas porquerías?
Una pregunta para ti, amigo lector. ¿Eres más feliz por haber comprado ese nuevo movil del que tanto se hablaba? ¿O ya lo has olvidado, pensando tu próxima adquisición? ¿Ha podido ese conjunto de transistores brindarte algo más que una felicidad efímera?


Hace un tiempo, no demasiado, no hacía falta mucha cosa para ser feliz. Bastaba con tener la barriga llena, un techo sobre la cabeza y un poco de calor para pasar el invierno. Eso era todo lo que el humano necesitaba, y todo lo que el humano necesitaba para ser feliz (que no es lo mismo). Pero las cosas cambiaron. Y cambiaron mucho. Ya no basta con cubrir nuestras necesidades básicas para estar bien con uno mismo. Siempre hay que tener más, consumir lo último, lo mejor, lo que está de moda.

¿Cambiamos tanto como sociedad para que una cosa así pudiese ocurrir? Pues sí, como sociedad cambiamos un montón. Los avances tecnológicos lograron que el precio de las necesidades básicas bajara. Las naciones ricas se enriquecieron aún más. Y nació una nueva necesidad de los mercados. Cuando tú tienes la panza llena, difícilmente te intereses en comprar más alimentos. Una vez que tienes un techo, ¿para que molestarse en conseguir otro? Con un pedazo de madera o una poca de energía eléctrica puedes tener suficiente calor para soportar el frío. Y ningún mercado que quiera enriquecerse puede sobrevivir con esas limitantes. Se necesitó, entonces, encarar el comercio desde otro lugar: si hay un límite de bienes imprescindibles, entonces había que crear la necesidad de bienes prescindibles. Ergo, el incremento de la oferta generó una transformación de nuestros hábitos de consumo. Y así nació el consumismo. Mala cosa.

De Consumo, Consumismo y Materialismo
Consumir está bien. Pero, consumir desmedidamente, no tanto. Según Wikipedia, "el consumismo es un término que se utiliza para describir los efectos de igualar la felicidad personal a la compra de bienes y servicios o al consumo en general." El Compro, luego existo, en reemplazo del Pienso, luego existo. Es esa necesidad que tienen algunos de cambiar constantemente sus teléfonos móviles, por miedo a perder status social, a ser menos que sus pares. Es lo que obliga a miles de personas a hacer filas frente a las tiendas para comprar, por ejemplo, un iPhone. Es ese enceguecimiento, esa compulsión, que nos obliga a comprar algo antes de preguntarnos si realmente lo necesitamos.

Muchos atribuyen esa necesidad de consumir a la falta de identidad, de propósito, de realización personal, de la humanidad actual. Al tener la vida más fácil que nuestros antepasados, las sociedades ricas pierden su propósito. Y aquellos individuos que no encuentran "su misión en la vida", tratan de comprarla.
El consumismo, comprar por comprar, también es un mandato social, agudizado por lo que las corporaciones nos han hecho creer. Porque, en definitiva, ¿no son las personas con el último teléfono móvil, que siguen ciegamente las modas, que tienen el mejor coche del mercado, las que gozan de mejor status social? Consumir, tener tal o cual cosa, no solo habla de nuestros gustos, sino deja en claro que tenemos el dinero suficiente como para dárnoslos. Y el dinero, es poder, es status. Pero el dinero sin bienes que lo acrediten es algo intangible. La demostración de status pasa entonces por tener cosas que hablen de cuanto dinero tenemos.

Lo peor del caso es que ha quedado demostrado que la felicidad no se puede comprar. Las sociedades ricas, presas del consumismo, son las que, estadísticamente, registran mayores casos de depresión, alcoholismo, crimen, ansiedad, obesidad y suicidios. Ya lo dicen en la película El Club de la Pelea: "La publicidad nos tiene persiguiendo autos y ropas, trabajando en trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos". Y eso las empresas lo saben, razón por la cual la obsolescencia planeada es regla.
Los sociedades ricas, y consumistas, son las que registran mayor grado de depresión y obesidad
Los sociedades ricas, y consumistas, son las que registran mayor grado de depresión y obesidad

Pero, entonces, ¿cómo es posible que esto suceda? ¿No somos seres pensantes, acaso? Y hay que decirlo, aunque a muchos les pueda resultar ofensivo, está comprobado que una de las causas primarias del consumismo es la baja autoestima. Según un estudio de la Universidad de Chicago, hay evidencia que señala una relación entre la baja autoestima y el materialismo. Pero, lo que es más importante e interesante, también hay evidencia que el consumismo y el materialismo son causantes de baja autoestima. Una paradoja perfecta. Veámoslo así: Tú tienes baja autoestima. Te compras el último y más caro gadget del mercado, y te sientes bien contigo mismo. Pero, pronto descubres (al menos inconcientemente), que mides tu valor en relación a las cosas que tienes, y no por lo que eres. Eso te genera más baja autoestima y compras otra cosa. Y así, en un círculo vicioso. El mismo estudio, asegura que a medida que la autoestima se incrementa (por la realización personal, y no por consumir), el materialismo (y, por lo tanto, el consumismo) decrece. Y no es ilógico si lo piensas. ¿O acaso no es el que tiene el coche más grande el que, se supone, tiene el pene más pequeño?

Seres primitivos
Otra causa primaria del consumismo está totalmente relacionada con nuestros cerebros primitivos. Y eso es ineludible para cualquier individuo, tenga o no baja autoestima. El mismo mecanismo que logró nuestra supervivencia a través de las eras más despiadadas, que logró que sobreviviéramos a periodos glaciares, a pestes y hambrunas, a desastres y guerras, es el que nos obliga a consumir para sobrevivir. Es que, en nuestros cerebros, tenemos la noción de que más, es mejor. Para nuestros antepasados esto era una realidad, una verdad absoluta. Mientras más comida, por ejemplo, mayores oportunidades de supervivencia tenían. El problema ahora es, como ya dijimos, que estamos más allá de nuestras necesidades básicas, las tenemos saciadas. No tenemos depredadores que amenacen nuestra existencia. Las hambrunas son cosas de países menos desarrollados. La sociedad nos brinda todo lo que necesitamos. Aún así, el mecanismo primitivo sigue activo. La sociedad, nuestra sociedad, evolucionó más que nuestro instinto y no tenemos la capacidad de decir: "es suficiente". Siempre queremos más, porque estamos programados para que así sea. Pero, y hete aquí el problema, aunque estamos programados para querer más, no estamos programados para disfrutar más de lo que tenemos.

Estudios de la Universidad de Emory descubrieron que, ante la anticipación y el deseo de comprar un producto, somos recompensados por nuestro cerebro con un estallido de dopamina. Solo la anticipación lanza esta recompensa, no la compra. Pero, al sentirnos bien ante esta sensación, la mayoría de los individuos (y más los que tienen baja autoestima) compran el producto en cuestión. El resultante es que la sensación de satisfacción se esfuma en cuestión de minutos luego de la compra.
Por esto, y así como hay algunos adictos al peligro (por la adrenalina resultante), hay otros que son adictos a las compras (por los escasos minutos de satisfacción que les brinda la anticipación). Siguiendo con nuestros cerebros primitivos, investigadores de la Universidad de Bonn, descubrieron que los humanos no es que desean tener más, realmente, sino que desean tener más que los demás. La competencia, totalmente necesaria para la evolución de la especie, hoy nos está jugando una mala pasada.

¿Y por qué la recompensa ante del deseo y insatisfacción ante las compras? Eso es un estado paradójico de nuestros cerebros. Por un lado, deseamos más, porque así estamos programados. Pero, por el otro, nuestro cerebro está acostumbrado que a los humanos nos falten cosas. Requiere, pide, ante la escasez de nuestros antepasados. Pero se confunde ante la sobreabundancia que nos rodea.
El consumismo como religión y filosofía de vida
El consumismo como religión y filosofía de vida

¿El consumismo es malo? Sí, lo es. Consumir está bien. Así sostenemos la economía del mundo globalizado y nos damos algún que otro lujo necesario. Pero el consumismo, ese que te obliga a cambiar de móvil cada vez que sale un nuevo modelo, es depredador para el ambiente y va en detrimento de tu individuo.

¿Y cómo combatimos esas ansías de consumir, las insistentes publicidades con las que nos bombardean, a aquellos que se jactan de ser mejores personas por tener un mejor coche que el tuyo? Simple, racionaliza el consumo y recuerda este artículo. Seguir como una oveja las modas no te hace mejor individuo. Y, aquellos que se crean ser mejor que ti por tener lo último en tecnología, no son más que seres primitivos que no han podido reponerse al instinto de nuestros antepasados. Eso, o tienen la autoestima baja y un pene pequeño.

Como dice este excelente artículo del diario La Nación, siempre ten en cuenta que "el consumo es la vida en su adecuada y saludable conexión con lo que somos o con lo que necesitamos ser en cada coyuntura o en cada momento. O, en todo caso, con lo que aspiramos a ser en un futuro razonablemente cercano. El consumismo, en cambio, es el hijo dilecto de una fantasía que altera o distorsiona nuestra propia realidad o nuestra propia imagen, convirtiéndonos en esclavos, en un remedo de lo que somos o en la imagen de lo que nunca seremos."

8 ene. 2010

La Disciplina De La Libertad


Tras la lectura del libro “El valor de educar” de Fernando Savater que hemos hecho coincidimos en que el capítulo cuarto “la disciplina de la libertad” es merecedor de una entrada a nuestro blog, pues cuestiona la libertad en el aprendizaje, en contraposición con la escuela Summerhill. Por ello hemos elaborado la siguiente síntesis:

Según el autor, la enseñanza siempre implica una cierta forma de coacción, de pugna entre voluntades. Ningún niño quiere aprender o por lo menos ningún niño quiere aprender aquello que le cuesta trabajo asimilar y que le quita el tiempo precioso que desea dedicar a sus juegos. ¿Es acaso cierto que obligamos a los niños a estudiar por su propio bien? ¿Tenemos derecho a imponerles la disciplina sin la cual desde luego no aprenderían la mayoría de las cosas que consideramos imprescindible que lleguen a saber?

La educación constituye algo parecido a una obra de arte colectiva que da forma a seres humanos en lugar de escribir en papel o esculpir en mármol. La principal producción de las sociedades es la manufactura de seres humanos y para conseguirlos no contamos con otro modelo (ni otro instrumento) que los seres humanos ya existentes. No preguntamos a nuestros hijos si quieren nacer ni tampoco si quieren parecérsenos en conocimientos, técnicas y mitos. Les imponemos la humanidad tal como nosotros la concebimos y padecemos, igual que les imponemos la vida. Oscuramente, presentimos que les condenamos a mucho pero también que les damos la posibilidad de inaugurar algo.

Pero ¿cómo admitir sin recelo o sin escándalo que la vía para llegar a ser libre y autónomo pase por una serie de coacciones instructivas, por una habituación a diversas maneras de obediencia? La respuesta estriba en comprender que no partimos de la libertad, sino que llegamos a ella. La libertad no es la ausencia original de condicionamientos sino la conquista de una autonomía simbólica por medio del aprendizaje que nos aclimata a innovaciones y elecciones sólo posibles dentro de la comunidad.

El aprendiz comienza a estudiar en cierta medida a la fuerza. ¿Por qué? Porque se le pide un esfuerzo y los niños no se esfuerzan voluntariamente más que en lo que les divierte. No es que los pequeños no deseen saber, pero su curiosidad es mucho más inmediata y menos metódica que lo exigido para aprender. Se debe contar en la enseñanza con la inicial curiosidad infantil: afán que la propia educación tiene que encargarse de desarrollar. El niño no sabe qué ignora, es decir, no echa en falta los conocimientos que no tiene. Es el educador quien ha de dar importancia a la ignorancia del alumno porque valora positivamente los conocimientos que a éste le faltan.

Naturalmente el educador ha de comprender lo mejor posible las características y aptitudes peculiares del aprendiz para enseñarle del modo más provechoso. Si no es el educador el que le ofrece el modelo racionalmente adecuado, el niño no crecerá sin modelos sino que se identificará con los que le propone la televisión, la malicia popular o la brutalidad callejera, por lo común exaltados desde el lujo depredador o la mera fuerza bruta.

La creatividad infantil se revela ante todo en su capacidad para asimilar la educación y ésa es innata; no olvidemos que el mejor maestro sólo puede enseñar, pero es el niño quien realiza siempre el acto genial de aprender.

En su República dice Platón: “para la educación de los niños, deberá enseñárseles jugando”. Montaigne se decanta por no aceptar otro estímulo para la enseñanza que el placer del aprendiz y descarta cualquier imposición o contrariedad. Si el juego es aquella actividad que el niño busca por sí misma sin que nadie deba imponérsela como obligación, ¿qué mejor camino que éste para educarle? Como dice el refrán castellano, «más se consigue con una gota de miel que con una tonelada de hiel».

Sin embargo, la mayoría de las cosas que la escuela debe enseñar no pueden aprenderse jugando. Según Novalis, «jugar es experimentar con el azar»; y la educación en cambio se orienta hacia un fin previsto y deliberado, por abierto que sea. A jugar y a las cosas que vienen jugando aprendemos solos o con ayuda de cualquier amiguete: a la escuela vamos para aprender aquello que no enseñan en los demás sitios.

Es disparatado aplicar a rajatabla desde el parvulario el principio democrático de que todo debe decidirse entre iguales, porque los niños no son «iguales» a sus maestros en lo que a los contenidos educativos compete. Precisamente para que lleguen más tarde a ser iguales en conocimientos y autonomía es para lo que se les educa.

(Esta idea es totalmente contradictoria a la escuela Summerhill, pues la asamblea está formada tanto por maestros como por alumnos de los más pequeños, y en dicha asamblea, los votos tienen el mismo valor)